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domingo, 12 de enero de 2014

¿CUAL ES SU MEMORIA?

Unos retienen fácilmente las fisonomías, los números, los accidentes, los peligros a que están
expuestos, los males sufridos; recuerdan los compañeros, los placeres mundanos, etc.; pero
olvidan las palabras, los nombres, las convenciones sociales, las fechas, las deducciones
lógicas...
Otros, y en los años estudiantiles fueron tal vez los primeros en historia, retienen las batallas,
las luchas políticas, los combates a que asistieron o de los cuales leyeron alguna relación; se
acuerdan de los reproches, de los cumplidos; conservan fielmente los paisajes, nunca olvidan
los defectos del prójimo; pero se les escapan los nombres de las calles, de los alimentos...
Los terceros reviven a cada instante las melodías; del orador recuerdan la sonoridad y timbre
de la voz; los cantos, los períodos musicales; pero olvidan sus deberes, sus promesas, las
reglas de buena conducta.
En cuarto término hay quienes retienen los nacimientos, las direcciones, los números
telefónicos, los placeres de la sociabilidad, pero olvidan lo leído en los libros, las verdades
científicas, sus deberes...
Por último, los hay que recuerdan especialmente las estadísticas, las luchas políticas, pero
olvidan las reglas de la gramática, las leyes matemáticas...
Así, pues, la pureza de los tipos de memoria es tan hipotética como la racial. Tenemos un
poco de todo; en nada se especializa nuestro organismo. Si los tipos estudiados en los
laboratorios se dieran tal cual en los individuos, de golpe estaría solucionado el problema de
las vocaciones y de la educación mnemónica. ¿Tiene usted buena memoria auditiva? Sea
músico, taquígrafo, etc. ¿Recuerda los rostros, los paisajes? Sea pintor, corrector de imprenta,
busque un oficio que entre por los ojos. ¿Debe trazar imaginariamente el contorno de los
objetos? Elija tareas manuales; la mecánica de precisión requiere tales condiciones. Por
desgracia, con tanta simpleza no se puede dar la solución. Sería en verdad muy práctico, pero
es imposible. La complejidad de la máquina humana lo prohíbe. Tenemos un poco de todo y
también nos falta un poco de todo. Lo que tenemos aquí no nos interesa; está, y nuestro
propósito es adquirir lo que nos falta. El buen fisonomista no precisa desarrollar esa facultad;
el buen matemático no se esfuerza por recordar números; pero a ellos les falta algo, y es su
deber adquirirlo, desarrollar esa facultad mal dotada. La vida moderna es demasiado
compleja, no permite unilateralidades, debemos estar en todas partes. El dueño de un
pequeño taller debe saber suplantar a su oficial; el director de una gran empresa debe estar
capacitado para ponerse, en el caso necesario, al frente de cualquiera de las secciones. Cuanto
más altas son las funciones de un individuo, mayor ductibilidad se le exige.
¿Quiere usted progresar? Mire los grandes ejemplos. Este, de taquígrafo llegó a director de
una gran empresa; aquél, de simple empastador —es el caso de Faraday— se transformó en
el físico más genial de su siglo. Esto se llama ductibilidad del espíritu, y esa ductibilidad sólo
nace de la armonía de las funciones. La salud es producto del buen funcionamiento de todos
los órganos; la inteligencia, del equilibrio de todas las funciones conmemorativas. Quien
armoniza su memoria fortaleciendo los aspectos débiles, apuntala su porvenir

!CLASIFIQUE Y RECORDARA¡

Cortesia de Gratislibros;
El material clasificado es mucho más fácil de recordar que el desordenado. Por conocido,
parece inútil insistir en este hecho. Sin embargo, cuando un estudiante rinde examen, cuando
un empleado da cuenta a su jefe de la tarea cumplida, se pierden a menudo en un verdadero
laberinto. Invierten el orden de sucesión, de causalidad, olvidan puntos fundamentales y se
detienen más de la cuenta en cuestiones accesorias. Lo que pudo ser aclarado con dos frases
se convierte en un largo relato con balbuceos y saltos inesperados. Esto se aplica a todo orden
de actividad mental; por ello cualquier sistema mnemotécnico es bueno, pero a condición de
proceder ordenadamente. El procedimiento, ciceroniano y el de fantoches admiten cierta
libertad, por ser generales y aplicables a muchos casos; mas, en los ejemplos que seguirán, el
orden es la base del éxito. Una mente ordenada ganó la mitad de la batalla por el
mejoramiento de la memoria. 
Concretemos con un ejemplo: observe la figura A durante un minuto y después procure
repetir el nombre de los objetos que están sobre la mesa. Pocos podrán enumerarlos y, con
seguridad, usted está entre ellos. Ahora fije la atención en la figura B durante medio minuto,
y pasado ese lapso, si hubo verdadera concentración, podrá enumerar sin equivocarse los
objetos distribuidos sobre la mesa. En ambos casos se trata de los mismos objetos. En la
figura 3 se encuentran en completo desorden la carpeta junto al lapicero, la pipa con las
botellas; con los libros, las copas, etc. En la figura
4 la mesa presenta otro aspecto: esta
dividida en cuatro secciones, y en cada sección un grupo de objetos afines entre ellos: botellas,
copas, carpeta; paquete de cigarrillos, pipa, cenicero y cigarrillo encendido; lápiz, lapicero,
tintero, escuadra; libros, periódico. El tiempo que diéramos para retener esta imagen fue
justamente la mitad que en el caso anterior, y con seguridad, su memoria se comportó
admirablemente. Ensaye este ejercicio con los muebles de su cuarto, los libros de una
estantería, una serie de fotografías, y verá cuán importante es el orden.
En el orden reside la base de toda educación mnemónica, y después de estudiar nuestro tipo
de memoria, de habernos convencido de sus fallas, acostumbremos nuestra mente al orden,
hábito que también será útil para cualquier circunstancia de la vida. Acostumbrados a
clasificar percepciones y recuerdos, cualquier
medio bastará para desarrollar una buena
memoria
 

La función de la memoria

MNEMOTECNIA - La función de la memoria 
A principios del año 1906 el cable difundió por Europa y América la noticia del suicidio de
Ludwig Boltzmann. El renombrado físico austriaco se había arrojado de un tren expreso en
plena marcha. La declaración de los testigos no dejaba dudas: quiso la muerte. En los círculos
científicos la consternación fue grande; si anonadaba lo irreparable de la pérdida, más
sorprendía la decisión del sabio. Durante las honras fúnebres se procuró ocultar la trágica
determinación de Boltzmann, pues en el mundo de las ciencias no son comunes estas
resoluciones extremas. Sin embargo, pocos conocían los motivos del suicidio. Físico teórico,
matemático de alto vuelo, Ludwig Boltzmann vivía obsesionado por la gradual pérdida de su
memoria. Lo que un hombre de negocios soluciona con el cuaderno de notas, para un
profesor es irremediable. Olvidar una fórmula frente al auditorio, no recordarla aunque sea
el disertante su creador, despierta el mudo reproche de las miradas. ¡Un sabio no tiene
derecho a tales deslices! Boltzmann lo sabía, la condescendencia de los ayudantes y
discípulos hería su amor propio y, durante el viaje, mientras reflexionaba una vez más sobre
el tema que desarrollaría en la Academia Prusiana de las Ciencias, apareció la temida laguna.
¿Y si el olvido se producía en el momento de la recepción? ¿Un recipiendario que no
recuerda sus propias investigaciones? Los sabios no son siempre los seres más reflexivos; la
ciencia exige un gran apasionamiento y nunca sabemos a dónde conduce una pasión.
Boltzmann tenía una sola herramienta de trabajo: su inteligencia. Sin memoria no hay
inteligencia, y al lento crepúsculo de la senilidad prefirió la muerte.
En la historia no abundan tales ejemplos; mas la lucha de un gran hombre contra su
decadencia orgánica ilustra bien la importancia de la memoria y de su conservación. Una
memoria feliz es fundamental en todos los órdenes de las actividades sociales: profesionales,
estudiantes, comerciantes, el común de la gente, gozan y sufren por la presencia y ausencia
de ese privilegio. La naturaleza no nos provee a todos por igual: en cuerpos débiles alberga
espíritus poderosos; en mentes lúcidas, inexplicables lagunas. Empero, todos poseemos la
materia básica. Cada niño es un ser que la educación y el medio moldean, cada cerebro
humano maravillosa maquinaria cuyo rendimiento condicionan herencia y ejercitación.

¿COMO RECORDAR ROSTROS?

Gracias  una amiga que encontr esta web en la que nos vienen un monton de articulos sobre el tema que voy a repostear aqui para superar los 600 articulos buscados en la red o creados por mis colaboradores y yo. 
 
A Gustavo Doré, el ilustrador del Quijote, de la Divina Comedia y de muchas otras obras
famosas, le bastaba estar unos minutos con una persona para después reproducir su rostro
con absoluta fidelidad. Esto requiere especial talento, cuyo desarrollo, sin embargo, está
condicionado por la ejercitación. Los caricaturistas están en el mismo caso. Nosotros no nos
proponemos perfeccionar talentos, pero para la retención de fisonomías es conveniente
seguir algunos de sus procedimientos. Dibujar en seguida todo rostro nuevo sería el
procedimiento ideal por la cantidad de sentidos y procesos cerebrales que ello representa.
Mas, la dificultad es patente: no podemos agregar el estudio del dibujo a nuestras múltiples
ocupaciones.
El procedimiento más sencillo es bosquejar por escrito esa cara, deteniéndonos
particularmente en el color de los ojos, cabellos, forma de la nariz y la boca. La costumbre nos
hará buenos observadores y pronto descubriremos detalles que antes pasaban inadvertidos.
Para no extraviarnos en tanteos ni desvirtuar la finalidad práctica de la tarea, debemos tener
muy presentes las siguientes consideraciones:
1) Observar una persona con el propósito de preparar una detallada descripción de ella.
2) Escoger primero a un familiar o personas que conozcamos muy bien.
3) No dejar transcurrir mucho tiempo entre la observación y la descripción.
Para su aprovechamiento, estas tres reglas deben transformarse gradualmente en otras más
complejas:
1) Escoger una persona conocida hace mucho tiempo y de la cual no se tuvo la intención de
trazar un cuadro;
2) Que esa persona no tenga frecuente trato con nosotros, hasta llegar a ser la primera que
pase por nuestro lado;
3) Dejar transcurrir mucho tiempo entre el conocimiento y la descripción.
Ahora bien, concluida la descripción, ¿resulta exacta? Por cierto que no; pero el ejercicio
continuado aguza la atención y prepara el cerebro para retener. Además, nuestros ojos se
acostumbran a ver y descubren rasgos característicos que valen para el reconocimiento tanto
como el fiel recuerdo del rostro: nariz enorme, enrojecida, ganchuda; boca firme, desdeñosa,
burlesca; mirada soñadora, fría, inquisidora. Toda caricatura nos recuerda en seguida al
personaje real: un mentón prominente y duro a Mussolini; un bigotito y un mechón de
cabello caído sobre la frente a Hitler; un cigarro habano a Churchill. El dibujante captó esas
cualidades esenciales, y todos sabemos a quiénes representan, porque inconscientemente
también habíamos observado esas características. La finalidad de la ejercitación es volver
consciente, voluntaria, la observación inconsciente.
Para este fin, los minutos que pasamos en camino a nuestras ocupaciones pueden ser bien
usados: en el tranvía, en el tren, cultive el hábito de estudiar el rostro de las personas que van
sentadas frente a usted. Mire sus ojos, su boca, y procure describirlos mentalmente. Como es
común que ellos también viajen a diario y a la misma hora, trate de reconocerlos la próxima
vez, y así, varíe a diario el sujeto de experimentación. Por último, mire siempre la cara de su
interlocutor, pues así usted revela educación y firmeza de carácter, y ejercita su memoria
para recordar rostros

miércoles, 1 de enero de 2014

Mnemonika-0

Ya esta disponible el primer número de la revista electronica en formato PDF Mnemonica, comienza con el numero 0: